A veces cuando estás metido en un proyecto no puedes mirar más allá. Es como el consabido dicho de que los árboles no te dejan ver el bosque. Mi árbol era tan grande y tan alto que no pude ver el bosque, ni el río, ni siquiera las montañas y estrellas que titilaban en lo alto.
Un camino espiritual requiere esfuerzo, tesón y dedicación. Durante muchos meses estuve tan dedicado que descuidé otros aspectos de mi vida. Llegué a un punto en el que necesité bajar el ritmo, asentar las bases, reposar y dejar en cuarentena todas aquellas experiencias que me acompañaron noche y día.
